jueves, 10 de marzo de 2011

Romancero enguerino II

¿Quién fue Pepe Ciges?

Pepe Ciges en el CD Enguera de 1923;
                             detrás y primero por la izquierda, su hermano Jesús

Emilio Granero y Pepe Ciges nos han aparecido a la mayoría de enguerinos, como también lo fueran en tiempos pasados los Hermanos Machado; tan ha sido así que de ellos se escribió frases como la siguiente: “Unidos por una fraterna amistad, a la que dio pábulo la común vocación literaria, ambos alegres, espontáneos, ocurrentes, llenos de vitalidad y amor a la vida, habían sido vapuleados por ésta en algún momento de forma dura, pero en ellos sólo quedaba el recuerdo de los minutos optimistas, de las pasás salerosas, de los dicharachos recordables. Sentían el amor a Enguera y a sus viejas tradiciones y personajes memorables, junto a los que ponían una paralela teoría de tipos pintorescos que habían conocido de oídas o de visu y a los cuales dedicaban sus prosas y versos, guasones, aunque nimbados de una ternura y un amor al humilde y desdichado –el tonto, el vejestorio, la agüeleta, el roñoso, el pedigüeño…– que no podían disimular. Y de lo localista y particular pasaron a lo literario de mayor enjundia y universalidad. … Pepe Ciges fue creando un Romancero Enguerino que, desvelado en parte por la circular A nuestros jóvenes –1944-1958– y estas páginas de Enguera –desde su aparición en 1958–, tiene un amplio y variopinto contenido… 
 

Emilio Granero, Jaime Palomares, Octavio Castillo y Ciges, quienes con Ricardo Ros conformaron el núcleo duro de nuestro particular parnaso enguerino del que Jaime Palomares dejara cumplida referencia

“…(Pepe) también hizo incursiones en la poesía lírica, en la crítica literaria, en el humorismo, en la evocación histórica. Y si al tocar estos temas podía hallar algún matiz o pormenor que se refiriese, aunque fuera lejanamente, a su inolvidada Enguera, no desaprovechaba la ocasión y dejaba constancia de ello.”

(Tomado de la revista Enguera, 1975)
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jueves, 3 de marzo de 2011

Romancero enguerino I

Se trata de una recopilación de poemas aparecidos básicamente en las publicaciones "A nuestros jóvenes" y "Enguera", realizada por José Antonio Palop.

Ciges en su juventud
No nos atreveríamos a decir que es la obra cumbre de nuestro prolífero paisano don José Ciges Pérez, pero sí aquella que con mayor expresividad refleja y canta el amor que encierra a su patria chica: a sus viejas tradiciones y personajes memorables, junto a los que ponía una paralela teoría de tipos pintorescos que había conocido de oidas o de visu y a los cuales dedicaba sus prosas y versos, guasones, aunque nimbados de una ternura y un amor al humilde y desdichado –el tonto, el vejestorio, la agüeleta, el roñoso, el pedigüeño…– que no podía disimular. 
 Ciges con su esposa
Es por ello que, a partir de este número y durante estas cuatro semanas de marzo, suspendemos la cadencia de este blog para publicar de forma completa esta obra de nuestro ínclito Pepe Ciges.

Pedimos disculpas a quienes nos vienen siguiendo, especialmente a quienes la próxima semana esperaban la sección “Palabras Enguerinas”. Finalizada la publicación del Romancero Enguerino, reanudaremos la cadencia de las secciones. Entendemos que la ocasión requiere el cambio y esperamos lo disfruten.

Muchas gracias.


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viernes, 25 de febrero de 2011

Un siglo de teatro


La imagen que tenemos en general de Emilio Granero, siendo como es de una amplitud, diría, casi sideral,  me atrevo a pensar que no alcanza la faceta de historiador.
Pues miren ustedes por donde, también el palico de narrar la historia lo tocó… ¡y de qué manera!
Pasen, pasen vuesas mercedes, retomando la expresión del Retablo de Maese Pedro. Aquí cabe decir aquello de lean, lean y conocerán como historió don Emilio nuestra faceta histriónica.

Y no escribo más para no interrumpirles en su lectura, aunque para histriónico: los personajes de estas fotos: Enrique Ribera, el mismo Ribera con Manuel Jordá de niño y… el Marqués de Perelló

 N.B.- Mientras no se diga cosa distinta, este trabajo de Emilio Granero y los correspondientes a esta sección fueron publicados en la Revista Enguera y se reproducen con la pertinente autorización.-

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miércoles, 16 de febrero de 2011

Palabras enguerinas III

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Entre las palabras que llamamos enguerinas algunas tienen origen muy remoto, como las que nos dejaron antiguos pobladores de estas tierras que hablaban el latín de los romanos.
 
Y también, las muchas palabras que proceden del árabe hispano, que fue el lenguaje común de los moros, habitantes de este territorio durante más de ocho siglos.
Después de la conquista de D. Jaime (1244) aquí se instalaron gentes venidas de Aragón, que aportaron muchos vocablos de su forma de hablar. Estas herencias, junto al catalán valenciano, matizaron el castellano que se fue imponiendo entre nuestros antepasados creando la Parla Enguerina. El reto es conseguir que no desaparezca esa riqueza de palabras enguerinas.
Vean que aquí traemos algunas de ellas.

martes, 8 de febrero de 2011

Las Muletas de San Antón

La obra que hoy les ofrecemos, Las Muletas de San Antón, es fruto de la Musa que se posó en dos autores recientes: Pepe Palop y Enrique Simón.
Los autores lo subtitulan con esta expresión: Sainete típico enguerino. También afirman dedicarlo a Luisa Ayala y Emilio ‘Estrela’.
Establecen que la escena se desenvuelve en la plaza de la Iglesia, precisamente en la esquina recayente a la calle del Señor, curiosamente la casa cantonera donde al parecer habitaba la Tía Ayala.
Pero, no está bien que les contemos más.
Entren en el documento y disfrútenla para desempalagarse de los carameletes de la fiesta de este año…
Las Muletas de San Antón

sábado, 22 de enero de 2011

Palabras Enguerinas II


Recuerden que mediante esta sección de nuestro blog pretendíamos, básicamente, dos cosas:
* incitarles a participar en su elaboración, y
* crear ambiente de que nuestra parla es algo importante, no simplemente restos del pasado.

Hoy comenzamos donde terminábamos la primera parte de PALABRAS ENGUERINAS: con la palabra FORCAT. Contaremos algo de la historia de esta herramienta, de los elementos que la componían y del servicio que prestaba.

Escenas del Pasado


Es posible que algunos no llegaran a conocer a Fernando Palop; difícil, pero posible. Nació y se crió en la casa cantonera de entrada a la calle Gracia desde El Porchet. Sí, donde en la actualidad está la relojería. Allí estaba la casa de sus padres que, como tenían horno y no sé si molino en Santísimo, se les apodaba “de las harinas”.

Pienso que Fernando era de los más pequeños entre los hermanos, pero en inteligencia, si no era el mayor ¡qué poco le faltaría! Ah, y eso que tenía otro hermano –Pepe, conocido como Pepito “el de las harinas”, a pesar de su enorme estatura– que llegó a notario de Valencia.
Fernando sólo llegó a Magistrado de la Audiencia Provincial de Valencia… ¡casi ná!

Sí, ya sé que ni le hicieron hijo predilecto. Pero no lo necesitaba. Llegaba a su Éngra y…, bueno: mejor leerlo para saber cómo se sentía a la sombra del Piquet.

Tuve la suerte de disfrutar de su deferencia y, a pesar de la diferencia en formación y edad, creo alcancé a ser su amigo.
Con él aprendí una lección, que uso yo las contadas ocasiones en que, ahora, alguien me habla de usted. La anécdota fue la siguiente:

Debía ser por finales de los años cincuenta del siglo pasado. Eduardo Amorós y yo solíamos ir a nadar en verano.
Un día apareció Fernando Palop con su hijo mayor. Y, campechano como era y con facilidad de palabra y pensamiento, pronto nos sedujo con su conversación.
Nosotros –Eduardo y yo mismo– nos dirigíamos a él con el tratamiento de usted, cual era la costumbre. Fernando, cada vez que nos escuchaba darle ese tratamiento, tan normal en aquellas fechas, nos corregía, aunque a nosotros no nos salía tutearle, no sé si porque lo veíamos tan mayor o por el alto rango social o, simplemente, porque por algo nuestros padres se gastaban el dinero para que fuéramos educados. El caso es que no nos salía el tuteo.

Para finalizar. Un día, en mitad de la charla, nos espetó:
Pero bueno; ya está bien tanto usted, usted.... Si en mi pueblo no logro que me hablen de tu…  cualquier día,  hasta en casa mi mujer usará  el tratamiento…

Así era el Ilmo. Sr. Magistrado. He conocido a otros enguerinos, con inferior categoría social y no sé si con tanto saldo en la cuenta corriente (pues ni siquiera sé el de la mía), que exigían se les hablaran de usted y, claro, uno comprende que nadie les dirigiera la palabra.
A Fernando el de las harinas: todos le saludaban y hablaban; bueno, todos… menos los de siempre.
 
Poco a poco iremos publicando trabajos que publicara relativos a nuestras costumbres, parla, etc que gozaba narrándolas. Como muestra aquí tienen una.
Espero la disfruten
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